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¿Qué ha pasado?

Por Juan D’Alessandro

El curso de periodismo cultural que José Heinz dictó este año en las aulas del 220 terminó hace una semana, y como suele ocurrir, lo que aprendimos empieza a decantar ahora, con la perspectiva del tiempo, y van apareciendo imágenes y escenas de esas tardes memorables.

Primero, el lugar. Para llegar al aula, ubicada debajo de la Plaza de la Música, había que atravesar una galería de arte. Nada más apropiado. El curso coincidió con la presencia, en las paredes de la galería, de la muestra “Condición urbana. Desbordes”. Todos los jueves a la tarde caminábamos entre las obras de diecisiete artistas locales y teníamos que rodear a otras personas que se detenían delante de cada foto. El 220 no es una galería corriente, con salas blancas y rectangulares, sino un pasillo largo, de suelo rojo y columnas robustas, con ventanas que dan al río Suquía, de un lado, y a algunos pasadizos angostos, del otro.

Uno de estos pasadizos es un túnel romboidal, oscurísimo, pintado íntegramente de negro. En la pared del fondo se proyectaban imágenes de mediasombras colgando de edificios en construcción, hechas jirones, bamboleándose en el aire. Si uno miraba detenidamente, como queriendo entender de qué iba la obra, comenzaban a emerger figuras en las telas —como ocurre con las nubes— pero entre las tramas desgarradas de las mediasombras no aparecían perros alegres ni viejos barbudos sino bocas horrendas y gestos espectrales que te provocaban ganas de salir del pasadizo y buscar el aula.

Pero hay también otros pasadizos, cerrados por cortinas negras, y túneles bajitos que parecen conductos para perros. Me hubiera metido a explorar si no me diera vergüenza que alguien me viera gateando por ahí. Cuando llegaba tarde a la última clase, antes de doblar por el pasillo que conecta con las aulas, me llamó la atención una mujer de pie, congelada frente a una frase ploteada en la pared. Le saqué una foto y después, en la foto, leí la frase: “Túneles de espacio y tiempo ¿qué ha pasado en el medio?”.

Los alumnos formamos un grupo heterogéneo: había algunos periodistas y estudiantes de periodismo, pero muchos otros vivieron su primer acercamiento al oficio con este curso. Tuvimos la posibilidad de que nos acreditaran para cubrir el show de Damas Gratis en la Plaza de la Música.  Hablamos de críticas, reseñas, entrevistas, crónicas y perfiles. De Nuevo Periodismo. De coberturas de espectáculos. Se armaron debates interesantes, por ejemplo, en la clase dedicada a la entrevista cómo género, Heinz preguntó si nos parecía que Mirtha Legrand era “buena entrevistadora”, y hubo argumentos cruzados de lo más exquisitos (sigue despertando pasiones, la señora).

En la última clase, Heinz sorprendió a todos. Abrió una bolsa grande que tenía en su escritorio y dijo:

—Les voy a regalar un libro para que escriban una reseña. Pero no es el mismo libro para todos.

A cada uno nos entregó un libro distinto. Había de todo: novelas, cuentos, poesía, cómics, ensayos, libros de arte. Algunos fueron aportados por la editorial Llanto de Mudo y el mismo 220, otros salieron de la biblioteca personal del profesor.

Los libros parecían encajar como anillo al dedo en cada perfil, pero desafiaban. Por ejemplo, a Simón Templar, fotógrafo de rock, le dio un libro de retratos de John Lennon, del reconocido fotógrafo de Bob Gruen. Parece una obviedad, pero Simón se especializa en la cobertura de shows en vivo, y Gruen retrató a Lennon abajo del escenario, en su intimidad.

A Ariel Artois —quien en la primera clase confesó que se sentía un periodista un poco under— le tocó la novela “Yo soy la anarquía”, de Gonzalo Toledo, cuyo personaje principal es un outsider llevado al límite. Daniela Rodeles se emocionó al recibir su ejemplar: se trataba de poesía de Mariela Laudencina. Caro Cinto, licenciada en Relaciones Internacionales, recibió “Lugares con genio”, de Fernando Savater, quien recorre las ciudades en las que vivieron los grandes escritores y analiza la influencia que los lugares tuvieron en las obras.

A mí me tocó una novela gráfica: “1942”, de Javier Mattio, y hubo cómics también para los periodistas Lucas Asmar Moreno y Marianela Jimenez, quizás los tres más familiarizados con la literatura.

El curso duró apenas cuatro jueves y hoy se siente la abstinencia. Por suerte esta noche nos juntamos a comer un asado, y el bombardeo seguro seguirá ahí, lejos de los túneles del 220. Y quién sabe, quizás hasta podamos salir con Heinz a cubrir algún show en vivo. Porque todos salimos con una sensación muy concreta: el periodismo cultural es un universo y no nos alcanzó el tiempo.

 

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