Narciso a través del Black Mirror – Por Dante Leguizamón

Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Pin on Pinterest0Share on Tumblr

NÁUFRAGOS
Narciso a través del Black Mirror

El pasado 14 de junio, el 220cc recibió a seis visitas de lujo para llevar a cabo la segunda edición de “Náufragos”, el ciclo que propone conversaciones con referentes de la creatividad, el pensamiento y la cultura sobre la mirada, desde su hacer diario, de diversas problemáticas. En esta oportunidad, indagamos en la actitud narcisista de nuestra sociedad frente a la tecnología y los desafíos contemporáneos del siglo XXI.

La mesa se constituyó con las presencias de Ale Orlando, actor cordobés; Fino Pizarro, fotógrafo; Marcelo de Medeiros, diseñador; Inés Barrionuevo, directora de cine; Pablo Leites y Dante Leguizamón, ambos periodistas.

Dante apareció con su exposición escrita a modo de borrador, y luego de su participación le consultamos si podíamos publicarla porque creemos que vale la pena que sus reflexiones sigan girando en el mar de las redes.

Texto por Dante Leguizamón

Cuando me invitaron a esta charla y me dijeron que querían que hablara sobre la actitud narcisista contemporánea lo primero que sentí fue “inquietud”. La charla anterior de este ciclo se basó en la idea de “horizonte”, un concepto que me pareció en principio mucho más poético para hablar de la sociedad y de uno mismo.

¿Por qué Pancho me llama a mí para esta charla? ¿Seré muy evidente? ¿Se está burlando? Fueron las primeras preguntas que me hice

Pero bueno. Uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto así que me dediqué a disfrutar de la relectura el mito de narciso con la idea de ponerme a pensar.

Ahora bien. Ya se ha hablado aquí del mito, pero me permito resumirlo y adaptarlo a nuestro tiempo.

Narciso era un joven muy bello que andaba por ahí poniendo en Facebook su imagen y disfrutando de que las chicas le pusieran “me gusta” en Instagram, Periscope y Twitter. Pero al parecer era bastante histérico y cuando las chicas se le acercaban, se hacía el lindo y las dejaba pagando.

En este mundo de poderosos vengativos que parece ser el Olimpo actual, resulta ser que aparece una chica, llamada Eco, muy bonita también y con fotos de perfil bastante impactantes acumuladas en el muro que, además, tenía sus propios problemas (muy importantes para entender la complejidad del asunto).

Eco era linda y seguramente iba a llegar pronto a los 5 mil seguidores en Facebook, pero lo que la hacía especial era que, cuando hablaba, lo hacía con tal dulzura que se volvía un bombón. Para que se entienda, cuando yo digo: “Tengo miedo de que me dejes”, suena: “Tengo miedo de que me dejes”, pero cuando ella decía: “Tengo miedo de que me dejes”, sonaba… como Federico García Lorca:

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

 

Bueno. La cosa es que era tan enamoradiza la forma de hablar de Eco que empezó a ganarse por igual medida seguidores y detractores.

Entre sus detractoras estaba ERA, una de las esposas de Zeus. Acá vale la pena contar que Zeus era una especie de Dios en las redes. Cuando sus mujeres se iban a dormir se quedaba chateando hasta la madrugada y tenía docenas de ventanas de diálogo en las que se la pasaba histeriqueando con todas las chicas que podía.

Esto a ERA (les recuerdo que era esposa de Zeus) le molestaba bastante porque cuando Zeus se iba a laburar al Olimpo, ella se metía en el historial del chat y le descubría todo.

– “Me matan tus músculos”, decían las chicas en los chat

– “Me pasaría la noche enredada en tu barba hipster, bombón”, sugerían las ninfas

– “Muero por la túnica que tenías ayer”.

Y etc, etc, etc…

Bueno. ERA sabía que al final de cuentas Zeus la mayoría de las veces terminaba viendo porno y a lo sumo se masturbaba en el baño en silencio. Sin embargo también sabía que, de vez en cuando, se encontraba con esas amantes de los chats para que lo hicieran sentir un verdadero Dios.

Cuando vio que la histeria entre Zeus y ECO iba creciendo, ERA dijo: “Ahhh no”, este pajero por chat es una cosa, pero si la escucha hablar a ésta se va a enamorar. Y viendo venir el problema no tuvo mejor idea que que cagarle la vida a la pobre ECO para siempre.

Cualquiera la hubiera bloqueado, o inclusive ERA podría haber sentado a Zeus para decirle:

– ¿Qué te pasa payaso? ¿Tenés todas las mujeres que querés, pero te la pasás histeriqueando en el chat? No te das cuenta la tendencia que tenés a usar tus contactos –y tu poder- para levantarse ninfas.

Pero claro, ERA era tan mala onda que decidió ir tras ECO. Entonces no tuvo mejor idea que condenarla a no poder volver a decir lo que quisiera y se iba a tener que limitar a pronunciar solamente las últimas palabras que salieran de la boca de las personas que le hablaran.

Así las cosas, resulta que Eco, gracias a la maldad de ERA, se convirtió en alguien bastante insoportable. Para dar un ejemplo. Si se cruzaba con Marx y éste le decía:

- La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un “inmenso arsenal de mercancías”.

La mina le decía:

– Mercancía, Mercancía… Mercancía…

Para peor, si vos le decías: “Compartí este posteo a todos tus amigos”, ella escribía en los comentarios: “amigos, amigos, amigos”…

En ese marco parece que un día Narciso andaba por las redes histeriqueando y mirando sus propios álbumes de fotos cuando apareció en una ventana del chat la loca esta. Primero Narciso buscó una foto de ella con las amigas, después se fijó si tenía “una relación” para armar la estrategia y, finalmente, navegó por los álbumes hasta encontrar una selfie en la que se la veía divina, en la playa y en bikini. Entonces, entusiasmado, se dispuso a chatear.

Escribió. Y sintió que le daban un pie cuando le contestaron: “Holaaaaa”. Pero después preguntó:

  • ¿Hay alguien aquí?

Y se asustó cuando le contestaron:

  • Aquí, aquí, aquí, aquí…

En ese momento y para ver si convenía seguir intentando, la invitó a tener una charla de video por instagram y le dijo:

  • ¡Ven!

Fue allí cuando se dio cuenta de que estaba ante un problema, porque al instante le llegó la respuesta del video donde se la veía con los brazos abiertos en una imagen cuasi aterradora: “¡Veeeen! Veeeeeeeeen!”

Sin demasiadas pulgas, Narciso cruelmente la bloqueó y se negó a aceptar su amor. Eco, la ninfa, desolada se dio de baja en la red social, “se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz”.

Como si tanto puterío no fuera suficiente apareció Némesis, la diosa de la venganza que hizo que Narciso se enamorara de su propia imagen y fuera condenado a pasar el resto de su vida mirando sus propios álbumes de fotos en las redes sociales y convirtiéndose en una especie de virus de sí mismo.

Pero hay una cosa más interesante que es clave para entender el mito. Cuando era muy pequeño la madre de Narciso le consultó a Tiresias sobre el futuro de su hijo. Tiresias (el mismo chismoso que ya le había botoneado cosas a Edipo en otra historia que no viene al caso) le dijo: “Narciso vivirá hasta ser muy viejo con tal que nunca se conozca a sí mismo”.

Aquí entra a jugar algo realmente interesante en este intento que propongo de adaptar el mito a nuestro tiempo. Voy a plantearlo así: la idea de aprenderse a uno mismo, se me ocurre contraria a la de observarse a uno mismo. Y me pregunto entonces si las redes sociales como herramienta de comunicación de estos tiempos son efectivamente herramientas de comunicación que nos permiten aprendernos o, sólo son (para llamarlo de alguna manera) herramientas de masturbación (ideológica, opinológica, física, etc).

Según el mito, Némesis lleva “engañado” a Narciso a un lugar donde lo hace ver su imagen en el agua enamorándose de su propio rostro en un castigo sin fin debido a que el pobre muchacho ni siquiera se atrevía a tocar el agua por miedo a deformar su propia imagen.

¿A dónde nos llevan las nuevas tecnologías en estos tiempos? Es posible que estemos siendo llevados “engañados” a un lugar donde nos enamoramos de nosotros mismos y, por miedo a deformar nuestra imagen, no nos atrevemos a ser otra cosa?

Ustedes son testigos de que se me ha ido el tiempo completo de mi exposición contando el mito, así que me voy a limitar a unas pequeñas reflexiones sobre nuestra propia actitud narcisista frente a la tecnología (si es que esto existe y sobre todo si es que yo estoy capacitado para hablar de ello). Quizá podamos seguir charlando después o, quizá podamos seguir pensando en ellas esta noche cuando nos sentemos a chatear con nuestros amigos frente a la compu.

Hay algo histérico en la utilización de la tecnología dentro de esta sociedad de consumo y capitalista en la que vivimos. Creemos que las redes nos ayudan a comunicarnos, pero en el fondo siento que las redes limitan nuestra comunicación a un círculo muy pequeño en el que nos vinculamos sólo con gente que piensa como nosotros y, lejos de ayudarnos a aprendernos, nos ayuda solamente a creer que somos hermosos y todo el mundo está de acuerdo con nosotros.

Me decía Pancho que la idea de este ciclo es entendernos como náufragos que se esforzaron por llegar a tierra firme a pesar de las adversidades. Yo no sé si me he esforzado para llegar a donde estoy. Puedo decir que lo único que he hecho es tratar de leer para saber qué pienso de las cosas. Y, principalmente, leer a gente que piensa diferente de lo que pienso yo. Creo que el problema de la tecnología es cuando de alguna manera la utilizamos para aislarnos del mundo. O mejor dicho cuando, ante la posibilidad del mundo, las utilizamos sólo para aquello que nos produce satisfacción.

Creo que el problema de la tecnología es secundario porque el desafío de este tiempo es el mismo de todos los tiempos y consiste en escaparle a la observación superficial y concentrarnos en mirarnos a nosotros mismos con una mirada inteligente.

 

No quiero ser crítico con la tecnología al pedo. Me contaron una anécdota de Platón que me encantó. Dicen que cuando veía a sus discípulos leyendo libros todo el tiempo, decía:

– ¿Cómo carajo van a pensar en el mundo estos muchachos si están todo el tiempo con el aparatito? El libro era la tecnología más avanzada del momento.

 

El problema de fondo no es la tecnología. El problema como dice Jorge Drexler en la canción es “eternamente nuevo” y es que NARCISO no tocó el agua porque implicaba mirarse inteligentemente y cuando lo hizo ya era tarde: “Con sus lagrimas enturbió el agua y al moverse la líquida superficie oscureció su figura reflejada” (dice Ovidio). Algo, mirarse a sí mismo de manera inteligente, que tampoco supo hacer ERA al descargar sus celos sobre la pobre ECO, ni NÉMESIS incapaz de hacer otra cosa que vengarse, ni el Gran ZEUS atrapado en su poder sobre los otros.

 

Al final quiero citar un par de veces a mi autora favorita: Marguerite Yourcenar, en un texto que quizá sea la contracara del mito o una de las contracaras. Este párrafo pertenece a “Opus Nigrum”, un libro que habla de Zenón, un personaje que parte de su pueblo junto a un amigo guerrero. El guerrero busca la gloria y sus sueños se comparan con los del emperador. Zenón, en cambio, le dice que tiene un sueño mayor, que otro lo espera en otra parte y hacia él va. Cuando el guerrero le pregunta quién lo espera, Zenón contesta: “Yo mismo”.

En ese camino, un día mientras el alquimista pasea por una pradera duerme “acostado boca abajo en un hueco formado en la arena, con la cabeza apoyada en el brazo y la lupa, que había resbalado de su mano, reposando debajo de él sobre una mata seca. Al despertar, creyó percibir contra su rostro a un bicho extraordinariamente inmóvil, insecto o molusco, que se movía en la sombra. Su forma era esférica; la parte central, de un negro húmedo y brillante, se hallaba rodeada de una zona de color blanco rosáceo o apagado; unos pelos como flecos cruzaban la periferia, nacidos de una especie de caparazón pardo estriado de grietas y abollado. Una vida casi pavorosa habitaba en aquella cosa frágil. En menos de un instante, antes incluso de que su visión pudiera formularse con el pensamiento, reconoció que lo que estaba viendo no era más que su propio ojo reflejado y aumentado por la lupa, detrás de la cual la arena y la hierba formaban una especie de azogue como el de un espejo. Se levantó pensativo. Se había visto viendo.

 

 

Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Pin on Pinterest0Share on Tumblr
Formación

Últimos tweets